El contexto en el que se le presentaba el partido de vuelta
ante Deportivo Capiatá, era inmejorable para Univesitario. Sin embargo, el
punto de quiebre estaba en saber manejar los matices que surgen cuando se llega
a un duelo con ventaja bajo los brazos. Roberto Chale había dejado en claro en
la previa que el resultado estaba por encima del funcionamiento, así que, desde
esa óptica, Universitario fue condenando su clasificación.
Roy Galdos (@RRGaldos)
Virtudes
y defectos de un triunfo fuera de casa
- Universitario tuvo un arranque vertiginoso en Paraguay. Desde el inicio del choque salió a imponer presencia en campo del Deportivo Capiatá, y a pesar de que poco a poco el cuadro local se acomodó en el partido, la sensación de peligro en el arco Bernardo Medina estuvo presente.
- La presión que ejercía Universitario a la línea media del Deportivo Capiatá, fue fundamental para la recuperación del balón en ¾ de cancha. Tras el quite, las salidas rápidas por las bandas era el camino para dañar al rival.
- Lo antes mencionado no quita que el cuadro de Diego Gavilán haya tenido sus ocasiones. Previo al gol de Alexi Gómez, Deportivo Capiatá se había aproximado de manera clara hasta en dos oportunidades.
- El sector izquierdo era el de mayor vulnerabilidad para Universitario. En los momentos que Carlos Bonet desdoblaba por ese sector, Joaquín Aguirre no encontraba respaldo por parte de Alexi Gómez. Ante esto, Alberto Rodríguez se veía obligado a salir de su posición para doblar la marca.
- La proyección de Carlos Bonet se convertiría en un arma de doble filo para Deportivo Capiatá. Con espacios para recorrer la banda, Alexi Gómez era el que más daño hacía. En su gol, Jorge Paredes estuvo Obligado a cerrar como lateral ante la no presencia de Carlos Bonet.
- Diego Manicero y Hernán Rengifo cumplieron un trabajo importante como apoyos en la recuperación. El retroceso de ambos aumentaba el volumen en el medio, por lo que Deportivo Capiatá sufría cuando perdía el balón en esa zona.
- El 0 – 2 con el que se cerró la primera mitad no fue del todo contundente. Hubo pasajes en los que Universitario padeció, tanto por los balones que rondaban el área de Carlos Cáceda, como por el dominio en el mediocampo de Deportivo Capiatá. El plan de Roberto Chale era claro: recuperar y salir con velocidad por las bandas. La jerarquía y la resolución individual fueron determinantes para esa consigna.
- En la segunda parte Diego Gavilán replanteó muy bien Con la salida de Hugo Lusardi, Blas Irala y Julio Irrazábal se ubicaron en la medular, dejando además, a dos hombres en ataque con el ingreso de Dionisio Pérez y la presencia de Roberto Gamarra.
- Asimismo, dobló la marca por el lado de Alexi Gómez con el ingreso de Gustavo Nogara, quien apoyó más que Eduardo Ledesma –este cumplía la función de interiorizar su posición- a Carlos Bonet.
- El gol de Roberto Gamarra llegó en el momento justo. Universitario no había tenido aproximaciones de peligro en todo el segundo tiempo, debido a la postura de defender el resultados sin el balón en los pies. El mediocampo paraguayo encontró en el esférico el arma para acercarse cada vez más al descuento.
- Al igual que el gol de Gómez, el tanto de Diego Manicero fue dibujado con el mismo lápiz. Una salida rápida tras recuperación llevó el balón a los pies de Luis Tejada, y este frenó bien para la llegada de Manicero quien tuvo el 1 – 3 definitivo en su botín derecho.
- En resumen, Universitario fue contundente en momentos claves del partido. Por esta vez, las respuestas que buscaba en las individualidades de sus futbolistas desequilibrantes las encontró, y que mejor jugando de visita.
Dibujos
tácticos
El partido de vuelta por
la llave entre Universitario de Deportes y Deportivo Capiatá tenía como
escenario el estadio Monumental, recinto que no recibía un partido de Copa
Libertadores desde aquel empate entre el cuadro crema y The Strongest (3 - 3)
por la edición de 2014.
Esta vez Universitario
afrontaba el encuentro con la ventaja obtenida en Paraguay (1 - 3), por lo que
el panorama se presentaba cuesta abajo para Deportivo Capiatá.
Roberto Chale envió al
terreno de juego el mismo esquema táctico que presentó en el estadio Lic. Erico
Galeano Segovia, empero, nominalmente, Giordano Mendoza y Alberto Quintero
tomaron el lugar de Juan Manuel Vargas –por lesión- y Josué Estrada
respectivamente. De esta manera, la línea defensiva se mantuvo con Aldo Corzo,
John Galliquio, Alberto Rodríguez y Joaquín Aguirre. Mientras que en la primera
línea de volantes, Arquímedes Figuera, debutando en el torneo con
Universitario, acompañó a Mendoza.
Del otro lado del campo, a
diferencia de Roberto Chale –que solo cambio nombres-, Diego Gavilán varió de
dibujo táctico para afrontar este duro partido. Era de esperarse teniendo en
cuenta las bajas de Hugo Lusardi y Blas Irala, ambos titulares en Capiatá,
además de las obligaciones que tenía con el marcador global en contra.
El 3-4-1-2 que envió tuvo
muchas variaciones, pero en líneas generales, se mantuvo así por casi todo el
compromiso. Jorge Paredes, Ramón Ortigoza y Néstor González se ubicaron delante
de Bernardo Medina, el portero. Gustavo Noguera y Cristian Martínez cumplieron
la función de laterales-volantes, dejando a Eduardo Ledesma y Alexis González
en la medular, para cortar y distribuir. David Mendieta, jugando de enganche
con muchas libertades, se posicionó detrás de Julio Irrazábal y Roberto
Gamarra, siendo este último el más adelantado y cerca de los centrales de
Universitario.
Arranque
distinto, desenlace distinto
En el choque en Paraguay,
Universitario de Deportes salió con mucho vértigo a enfrentar a Deportivo
Capiatá. Aunque con el pasar de los minutos el local se fue acomodando, los
cremas tenían un plan delineado para llevar peligro al pórtico paraguayo.
Esta vez, en el partido
vuelta, ocurrió todo lo contrario. Seguramente por el contexto que abrazaba la
llave, o quizás por el hambre de voltear el marcador, Deportivo Capiatá asumió
desde el pitazo de Mauro Vigliano el protagonismo del juego, con vacíos por
algunos pasajes, pero siempre yendo hacia delante.
Todo lo contrario pasaba
con Universitario. Lejos de tocar el tema de la localía como argumento para
salir a buscar el partido, daba la sensación que ‘Los de Odriozola’ querían tener el balón lo más lejos posible de su
portería a punta de lanzamientos largos. Cada balón que llegaba al área, e
incluso a zona media, era despejado con la intensión –seguramente- de encontrar
un pivoteo de Hernán Rengifo, quien fue bien referenciado por los centrales
visitantes.
Cuando eso ocurría hacía
los costados, solo se esperaba un desborde o resolución individual de Alexi
Gómez o Alberto Quintero. Tomando esa postura, Diego Manicero, quien había
tenido un alto grado de influencia en el juego de ida, se vio aislado y con la
obligación de hacer recorridos aún más largos para aportar al escaso juego que
mostraba Universitario.
Aumentando aún más la
dificultad, los futbolistas más adelantados de Deportivo Capiatá ejercían un pressing importante que impedía la
salida limpia de los merengues. Si el despeje largo se hacía una constante sin
presión, con la presencia de los futbolistas rivales todo se hacía más crónico.
Deportivo
Capiatá se movía de atrás hacia adelante dependiendo de la posición de los
futbolistas de Universitario.
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Por su parte, Deportivo
Capiatá supo manejar los balones que Universitario rechazaba. Los
mediocampistas estaban muy participativos del juego, tanto para asociarse como
para moverse y encontrar los espacios. Es así que poco a poco fueron
encontrando los caminos para dañar las zonas donde Universitario era más
vulnerable.
Algo que se vio en los
partidos de preparación de Universitario –llámese ‘La Noche Crema’ y el amistoso internacional ante Once Caldas-, es
que, cuando los balones son lanzados con precisión a las espaldas de los
mediocampistas centrales, estos quedan expuestos en el retroceso, además de
dejar espacios que pueden ser aprovechados para enlazar líneas. Deportivo
Capiatá entendió eso y lo ejecutó. Ganando la posición por delante de Figuera y
Mendoza, enconron el sendero para llegar con peligro al arco de Carlos Cáceda.
En
la imagen se observa a Julio Irrazábal y David Mendieta ganando las espaldas de
Arquímedes Figuera y Giordano Mendoza. Superando esa línea, se hacía más fácil
la asociación con Roberto Gamarra.
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Los puntos flacos de
Universitario no solo se encontraban en los carriles interiores –donde trabajaron
Mendieta, Ledesma e Irrazábal para asociarse con Gamarra-, sino también a las
espaldas de los laterales y centrales. Con lo visto en la ida, ya había quedado
en evidencia que ese sería la zona donde intentaría perforar Deportivo Capiatá.
Esta vez, presentando un par de laterales-volantes (Martínez y Noguera) apoyados
por los mediocampistas que se recostaban, las bandas de Universitario
padecieron.
Había
mucho espacio para que Cristian Martínez y Gustavo Noguera hagan el recorrido.
Además, las espaldas de Figuera y Mendoza eran fácilmente superadas.
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El primer golpe de
Deportivo Capiatá no llegó de pura casualidad o de una jugada aislada. Previo
al saque lateral de Irrazábal, el cuadro paraguayo se había posicionado muy
bien en área de Universitario. Gamarra, autor del tanto –dicho sea de paso, un
golazo-, fue quien originó el lateral que derivaría en el saque de Irrazábal y
posterior asistencia del mismo tras pivoteo de Noguera. Asimismo, antes de todo
eso, Carlos Cáceda había sacado un balón largo sin destino. Dicho saque también
influyó en el lateral del 10 del Deportivo Capiatá.
Los cremas no tomaron bien
las marcas en zonas claves del área. Gustavo Noguera pivoteó con facilidad el
balón. Irrazábal, que llegaba del saque, no tuvo oposición para enviar el
centro a un Gamarra que se zafó fácilmente de la marca de Arquímedes Figuera.
Una suma de errores que plasmaron en el resultado las dudas de Universitario.
En el planteamiento de
Gavilán, el trabajo de Roberto Gamarra, más allá de su misión goleadora, era
muy efectivo al friccionar con Alberto Rodríguez y John Galliquio. El ex
Guaraní aislaba a ambos centrales, fijándolos de un lado para permitir la
llegada de los jugadores detrás de él.
Con el correr de los
minutos, Universitario no encontró un juego asociativo que contrarreste la
propuesta del Deportivo Capiatá. Como inició el partido, era de esperarse que
la búsqueda de soluciones se deposite en el desequilibrio individual de sus
extremos, que en teoría, debieron ser los más activos. No obstante, cada vez
que eso ocurría, había un camino largo por recorrer, además de la buena
ubicación del bloque defensivo paraguayo. Diego Manicero, el que debió asumir
el rol de organizador, terminaba aislado y con poca participación.
En
la imagen, Alexi Gómez intenta desbordar con su velocidad por el carril
izquierdo, sin embargo, el bloque defensivo del Deportivo Capiatá absorbió su
intentó.
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La consecución del segundo
gol del Deportivo Capiatá –y doblete de Roberto Gamarra-, tiene cierta
similitud al primero en un aspecto: nace de un despeje de Carlos Cáceda que no
encontró receptor. Luego de una disputa entre Cristian Martínez y Aldo Corzo,
el lateral paraguayo recuperó el balón para la posterior asistencia de Eduardo
Ledesma. Roberto Gamarra jugó muy bien entre los centrales de Universitario, y
ganándole en velocidad a Alberto Rodríguez, definió con calidad ante el 12
merengue.
El retorno al campo de
juego significó un replanteo por parte de Roberto Chale. El experimentado
técnico de Universitario cambió de esquema, nombres y la ubicación de estos.
Ingresaron Adan Balbín y Diego Guastavino por Alberto Quintero y Joaquín
Aguirre respectivamente.
Con ambas sustituciones,
Universitario pasó del 4-2-3-1 inicial a un 4-3-2-1 con muchos cambios
posicionales. Alexi Gómez ocupó el lugar de Aguirre ubicándose como lateral
izquierdo. En la zona media quedó el trivote Giordano Mendoza, Arquímedes
Figuera y Adan Balbín, siendo este último el mediocampista central. Delante de
los tres, Guastavino y Manicero se repartieron la labor de elaboración,
quedando Hernán Rengifo como delantero centro.
Así
se posicionó tácticamente Universitario para la etapa complementaria.
Ingresaron Adan Balbín y Diego Guastavino.
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A primera impresión, con
este nuevo planteamiento, Universitario buscó poblar el mediocampo para que se
ejerza un plan reactivo contra los mediocampistas del Deportivo Capiatá.
Teniendo a Guastavino y Manicero por los
costados –ambos con la misión de interiorizar-, Roberto Chale quiso que ambos
sean los conductores de los posibles contragolpes. Ahora, ¿esto realmente tenía
asidero? Por lo visto en el campo, no funcionó.
Ninguno de los futbolistas
que formaban el trivote se caracteriza por brindar una salida limpia desde la
zona medular. Así, obviamente, todo se hacía más difícil para ‘Los Diegos’. De los tres medios
centrales, el que más se liberaba era Arquímedes Figuera, empero, este no aportó
mucho para enlazar las líneas, cosa que Universitario necesitaba para, por lo
menos, controlar el juego y a partir de ahí generar las ocasiones.
No iba a ser casualidad
que la primera chance de gol la tenga Deportivo Capiatá. Mucho menos viniendo
de un saque de esquina para un posterior cabezazo. Deportivo Capiatá seguía
insinuando a pesar de que Universitario había adelantado un poco sus líneas con
su nueva disposición en el terreno de juego.
El correr del reloj
–sumado a las salidas de Universitario- adormecería un poco al conjunto de
Diego Gavilán. Sin embargo, estos seguían dejando abierta la posibilidad de hacer
daño por los lados donde siempre les fue bien. El estratega paraguayo mando al
campo a Carlos Bonet –quien jugó de
titular el partido de ida- para colocar a dos laterales en el sector derecho.
¿Con qué intensión? Alexi Gómez estaba jugando como lateral, por lo que su
grado de influencia en zona de peligro había reducido. Gavilán, buscando doblar
el ataque para que Gómez sufra, formó la dupla Bonet-Noguera por esa banda.
Por su parte, Roberto
Chale realizó otro cambió. Luis Tejada ingresó por Diego Manicero cuando
restaban 30’ para que se termine la historia. Esto, en teoría, significaba que
Universitario tenga otra referencia de ataque para incomodar a los defensores
paraguayos, sin embargo, Guastavino quedó demasiado solo con la salida de
Manicero. El uruguayo, con poco, había completado con el argentino una sociedad
que le permitió a los cremas adelantarse unos metros.
A Gavilán si le empezó a
dar frutos el replanteo, sobre todo cuando Universitario retrocedía. Alexi
Gómez siempre estaba expuesto; era Gustavo Noguera o Carlos Bonet, pero uno de
los dos desdoblaba por el sector del futbolista de 23 años.
Gustavo
Noguera, en este caso, perforó con su velocidad el espacio dejado por Alexi
Gómez. Si no llegaba Aldo Corzo, Roberto Gamarra hubiera gritado su hat-trick.
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Otra
imagen que refleja la influencia del replanteo de Diego Gavilán.
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Entendiendo que al
desdoblar por los costados Deportivo Capiatá necesitaba otra referencia que
acompañe a Roberto Gamarra, Gavilán envió al campo a Dionisio Pérez por David
Mendieta, de gran partido por cierto. El cambio no tardó en surtirle efecto.
Un minuto después de su
ingreso, un desdoblamiento de Gustavo Noguera –para no perder la costumbre-
derivó en un centro al área, que ahora tenía doble referencia. Roberto Gamarra
–inteligentemente- dejó pasar el balón, y el recién ingresado, Dionisio Pérez,
anotó el gol de la clasificación ganándole la posición a John Galliquio y Aldo
Corzo.
Un dato no menor, y que se
repitió en los tres goles, es que el tanto del 18 del Deportivo Capiatá tuvo su
origen –incluso antes del gran pase de Alexis González- en un saque largo de
Carlos Cáceda, nuevamente, sin receptor claro.
El tercer gol del Deportivo Capiatá, sin
objeción, fue un duro golpe para Universitario. Incluso mayor que los dos
anteriores. La desesperación, la ansiedad y las pocas respuestas futbolísticas
sumieron a los pupilos de Roberto Chale en imprecisiones, decisiones mal
tomadas y exceso de individualismo. Esa tónica separó demasiado las líneas,
aislando a los futbolistas en lugar de conectarlos posicionalmente.
En resumidas cuentas, los
20’ restantes posterior al gol de Dionisio Pérez tuvieron una sola gráfica:
Universitario intentando, a partir de excesivos balones aéreos, llegar al arco
de Bernardo Medina. Con Luis Tejada saliendo constantemente para pivotear,
Hernán Rengifo se quedaba para esperar algún buen centro, sin embargo, este
nunca llegó.
La peor imagen que mostró
últimos minutos del partido fue la de Adan Balbín enviando centros al área del
Deportivo Capiatá. De todos los intentos, el más cercano de ser capitalizado
fue cuando Tejada pivoteó un balón a Guastavino, que con un bombazo, despertó a
un poco exigido Medina.
De ahí en adelante, el
minutero del reloj de Mauro Vigliano, contrastado con la desesperación crema,
decretó la clasificación del conjunto paraguayo, que más allá de haber escrito
una de las líneas más importantes de su historia, demostró que para ganar no
hay mejor herramienta que el balón.
Reflexiones/conclusiones:
- Muy temprano, sin esperar el trámite del partido, Universitario renunció todo contacto importante con el esférico para dañar al rival. Eso, evidentemente, conllevaba un riesgo, y finalizado los 90’, lo terminaron pagando.
- Cualquier planteamiento táctico se sostiene interpretando las variables que te entrega el trámite del partido, y Universitario terminó ahogándose en un mar de confusiones impuestas por Deportivo Capiatá, antes que serenarse y jugar.
- Fueron dos historias distintas, pero en una, Universitario si ideó un plan y lo puso en práctica. En Paraguay, la postura de la ‘U’ tenía un sustento en los movimientos de sus jugadores para salir con velocidad. En casa, no hubo idea que mueva un colectivo que se vio superado por la individualización.
- Diego Gavilán tuvo un magnífico planteo y replanteo en los momentos claves del partido. Sosteniendo su 3-4-1-2 –que por ratos se modificaba con los movimientos de David Mendieta, Julio Irrazábal y Roberto Gamarra-, el técnico paraguayo pizarreó muy bien en su visita a Lima.
- El replanteo del segundo tiempo, en lugar de dar soluciones a Universitario, permitió que la lectura de Gavilán sea más sencilla. La inclusión de Carlos Bonet es un claro ejemplo.
- En ambos partidos, Universitario tuvo pasajes en los que careció de un organizador que les dé apertura desde la medular. Juan Manuel Vargas, aún con su ausencia, no es el hombre que dará las respuestas a ese problema. Si es por jerarquía, probablemente hubiera influido, pero desde la posición en la que está jugando últimamente, solo los chispazos de su zurda influyen en el resultado del partido.
- El lamento de una derrota, casi siempre -sobre todo aquí-, inicia con el ojo del resultadismo. Cuando los "triunfos a medias" engañan al análisis, a la hora de asumir la derrota, ahí recién, y con mucha hipocresía, hablamos del juego. No es así, y claro, no debería funcionar así.
Voltear la página es fácil, sobre todo en un deporte como el fútbol que, aunque a veces sin merecerlo, te da revanchas. No solo es voltear la página, sino leer la que ya está escrita, para después no estar marcando de borrones el camino.
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